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jueves, 2 de mayo de 2013

¿cómo voy a hacerle para olvidarte?


Nos miramos a los ojos sin decir una sola palabra, durante un buen rato. Nos escudriñamos el alma. Nos tocamos sin manos. Después de eso te dije: “estaba intentando recordarte de otra vida.” Tú me preguntaste: “¿y pudiste?” Yo me quedé viéndote sin querer decirte la verdad. Tú dijiste: “no, ¿verdad?”. Negué lentamente con la cabeza sabiendo que era la primera vez que teníamos contacto, en esta y en otras vidas. Nos quedamos viendo un rato más y las lágrimas empezaron a resbalar de nuestras mejillas, tuvimos esa sensación mutua, en ese momento, en ese lugar, en esta vida. Cuando pudimos hablar ambas nos dijimos que nos extrañaríamos muchísimo como éramos justo en ese momento, con esos rostros y esa situación.
La última noche que pase a tu lado me dijiste entre sollozos “no me olvides” y rompiste a llorar. Y yo, sintiendo una cálida lágrima que se enfriaba a cada centímetro que recorría hasta mi barbilla, te respondí “ese no es el punto, el punto es: ¿cómo voy a hacerle para olvidarte?”.






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Anonimo.



https://twitter.com/soloconpalabras/status/330769886018154498

domingo, 17 de marzo de 2013

Instrucciones para desenamorarse.



Empiece recordando que, antes de conocer a la persona en cuestión, usted era feliz. Y por lo tanto, puede volver a serlo.
Continúe con pequeños cambios que lo saquen de la rutina. Empiece por su casa, cambie los muebles de lugar, pinte las paredes, cuelgue retratos, dibujos. Compre plantas, adorne todo su entorno. Embellezca su entorno. Al mismo tiempo que tira cada parte que le recuerda al otro, tira envoltorios de chocolates, fotos, notitas, tira todo como si al tirar todo, tirara parte del otro, tirara su memoria, tirara aquello que aún lo retiene en las paredes de su casa.
Continúe con su vida. Bien es sabido que los cambios de imagen resultan beneficios. Si me permiten el consejo, EVITEN LAS PELUQUERIAS, eso dramáticos cortes de pelo no resultan siempre provechosos. Cambie, cambie su estilo, sus prendas, compre nuevos zapatos, si es mujer compre zapatos más altos, compre adornos, relojes pulseras, anótese en algún gimnasio, y de ser posible asista al gimnasio. Todo esto servirá para cambiar la frecuencia, para cambiar la vibra. Cambiará el ritmo. Saldrá de ese estado gris, donde una pequeña nubecita le flota sobre su cabeza, dándole de a ratos horas de lluvia.
Siga, escuche nueva música, otros idiomas, camine por otras veredas. Use otro lugar en la mesa. Busque un nuevo empleo, aunque luego no cambie. Busque nuevos negocios para hacer sus compras, nuevos plazas para asistir con amigos, nuevos bares.
Busque gestos nuevos en personas viejas, analice, descubra…
Si, probablemente todo esto no servirá de nada para olvidar a quien ama.
Pero le será de utilidad, para no convertirse en aquello que odia.
Mientras tanto, olvídese de traerlo a su memoria con mensajes y llamados.
M.







Este texto no me pertenece.

martes, 8 de enero de 2013

‎"El amenazado"


Es el amor. Tendré que cultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.

Me duele una mujer en todo el cuerpo.

 Jorge Luis Borges

lunes, 3 de diciembre de 2012

DESEO


Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle, 
y que nos sentemos en un café a hablar largamente 
de las cosas pequeñas de la vida, 
a recordar de cuanto tú fuiste soldado, 
o de cuando yo era joven y salíamos a recorrer juntos 

la ciudad, y en las afueras, sobre la yerba, nos echábamos 
a mirar cómo el atardecer nos iba rodeando. 
Entonces escuchábamos nuestra sangre cautelosamente 
y nos estábamos callados. 
Luego emprendíamos el regreso y tú te despedías siempre 
en la misma esquina hasta el día siguiente, 
con esa despreocupación que uno quisiera tener toda la[vida, 
pero que sólo se da en la juventud, 
cuando se duerme tranquilo en cualquier parte sin un pan 
entre el bolsillo, 
y se tienen creencias y confianzas 
así en el mundo como en uno mismo. 
Y quiero además aún hablarte, 
pues tú tienes dieciocho años y podríamos divertirnos esta 
noche con cerveza y música, 
y después yo seguir viviendo como si nada… 
o asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas, 
mientras la Muerte me espera en el guardarropa para 
ponerme mi abrigo negro a la salida, 
yo buscando la puerta de emergencia, 
la escalera de incendios que conduce al infierno, 
todas las salidas custodiadas por desconocidos. 
Pero hoy no podré encontrarte porque tú vives en otra ciudad. 
Mientras la tarde transcurre 
evocaré el muro en cuyo saliente nos sentábamos 
a decir las últimas palabras cada noche 
o cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre y al salir 
comprendí que te amaba, 
y en fin, tantas otras cosas que suceden.
   ~ Jaime Jaramillo Escobar.